Todo cambia para que nada cambie. La misma sensación de siempre. La de no saber qué hacer. La de no atreverse a decidir. La de dejar que sea el tiempo quién decida. La de cuestionar todas y cada una de las decisiones tomadas. La de la inseguridad. La del miedo, irracional, ante todo.
Al fin y al cabo, somos seres humanos. La montaña rusa de las emociones no para de subir y bajar. Arriba, todo es maravilloso. Parece, incluso, que puedes alcanzar el cielo. Que lo rozas. Pero te quedas ahí, y empiezas a descender. A toda velocidad. Y abajo te sientes vulnerable. Y lo eres. Te afecta absolutamente todo. Te sientes mal contigo mismo. Y con el resto.
Quizá dependa del diseño de montaña rusa que tenga cada uno en su cabeza. Con más o menos altibajos. Pero creo que la duda es inherente a la condición humana, y que la determinación no es más que la eliminación o reducción del miedo al fracaso.
Hay miedo. Hay frustración. Se haga lo que se haga.