miércoles, 11 de enero de 2017

Estudiantes, no inmaduros fracasados

Estaba yo estudiando esta tarde -sí, los estudiantes estudiamos-, cuando he visto en mi TL de Twitter un artículo de la web de El Mundo titulado Mi hijo universitario saca malas notas, ¿qué puedo hacer? No he podido resistir la tentación y me he puesto a leerlo. Esperaba algo totalmente distinto, algo que ayudara. Algo útil. Pues no. Qué iluso soy a veces.

Será que soy de fácil indignación, pero me he pillado un rebote importante. El artículo en cuestión es, prácticamente en su integridad, una crítica para nada constructiva a los alumnos. Que si no aprueban es porque salen de fiesta, porque son unos irresponsables, porque son unos inmaduros. Esto lo dice el texto explícitamente. Lo que no dice pero deja ver es que Ángela Castillo, quien firma el artículo, no tiene ni idea de la realidad. Es difícil mostrar un desconocimiento mayor acerca del tema.

En el octavo párrafo encontramos la sección de "otros problemas", en el que se menciona que parte del profesorado carece de conocimientos vinculados con la pedagogía, lo cual puede repercutir en el aprendizaje del alumnado. En vez de hablar de que tomamos demasiadas cervezas, ¿por qué no ha empezado usted, señora Castillo, por ahí?

He tenido la mala suerte de tropezar con un tipo difícil de definir en mi primer año. Él dirá ser profesor, pero no lo es. Esa historia ya la conté aquí. Como estudiante universitario de primer año que soy conozco mucha, demasiada gente que ha pensado en dejar la carrera. Y no por las razones expuestas en ese nefasto artículo. No porque se pasen la tarde de cañas. Al menos, no todos. Ni mucho menos. Es muy frustrante realizar un trabajo para que te humillen por estar mal hecho. Humillen, sí. Con todas las letras. Es frustrante estudiar para exámenes que aprueban dos o tres personas de casi trescientas. Supongo que será muestra de inmadurez e irresponsabilidad dejar de hacerlo, señora Castillo. Supongo también, entonces, que usted es idiota y le gusta trabajar para que se rían de su trabajo.

Es absolutamente normal que cosas así hagan que los estudiantes pierdan motivación. Que piensen en dejar la carrera. ¿¡Alguien esperaría otra cosa!? Que venga y me lo diga. Y quejarse a la propia universidad no tiene efecto práctico alguno, ya que la misma situación se ha venido dando año tras año desde quién sabe cuándo. Profesores que no enseñan, universidades que hacen la vista gorda, y la culpa, de los alumnos. Claro. 

La solución planteada me parece irrisoria: que los padres estén más encima. Vamos a ver. No le voy a echar la culpa a usted, ya que cita a Gabriel Chancel, coordinador de la Unidad de Asesoramiento Pedagógico de la Universidad Autónoma de Barcelona; y a Valentín Martínez-Otero, psicólogo y profesor de la Universidad Complutense de Madrid. No sé si lo hacen por propio convencimiento o por defender a las universidades españolas, pero parecen recién caídos de un guindo. Su justificación de la propuesta: que los padres son quienes pagan los estudios a sus hijos. Dejemos de indignarnos, entonces, cuando los padres sean quienes decidan los estudios de sus hijos. Qué carreras deben hacer y cuáles no. Total, como ellos las pagan, qué más dará qué piense el que va a tener que estudiar algo que no es de su agrado. Que sea el dinero lo que justifique absolutamente todo es la enfermiza manía de esta sociedad.

Añaden, además, que el desencanto de los alumnos en el primer curso es algo normal. Como si viniera genéticamente determinado. Asumir lo negativo sin buscar revertirlo o, como mínimo, reducirlo, deja clara la evolución que del fenómeno tratado, sea cual sea, en el futuro: en el mejor de los casos, seguir igual. Es simple. ¿Cómo va a mejorar algo que se asume como normal y no se intenta mejorar?

La tasa de abandono de los estudios universitarios en España es alta, al igual que lo es la de abandono escolar. Quizá no sea por el hecho de que vivamos en este país, sino por cómo está estructurado el sistema. Quizá el problema no seamos los alumnos. Por dejarlo planteado, nada más. También se dice en el artículo que "los estudiantes son incapaces de adaptarse al cambio", "no gestionan bien el tiempo", "solo estudian tirando de memoria", "no saben enfrentarse a exámenes tipo test" y tampoco dominan el hablar en público o el trabajar en equipo. Joder, ¿tan difícil es darse cuenta de que no es nuestra culpa que no sepamos hacerlo? ¿Tan difícil es darse cuenta de que si no sabemos es porque nadie nos ha enseñado?

Si la culpa es de los alumnos, como diría Chávez, váyanse al carajo. Si la culpa es de los alumnos, es que no entienden nada. O que no lo quieren entender. Si la culpa es de los alumnos, es que no quieren ver el gran problema que existe. Debe ser más fácil mirar hacia otro lado.

En esta situación, lo más importante es recordar a los universitarios que sigan adelante. Que a pesar de las dificultades, de los prejuicios vertidos en funestos artículos como el que he tenido la desgracia de encontrar hoy, hay que continuar. 

Estudiantes: aunque penséis que no servís para nada, que lo que está mal sois vosotros, no es así. Con profesores que no valen, con un sistema que, en general, no enseña y no prepara, lo normal es suspender y perder la motivación. Eso no es fracasar. No sois un fracaso, y no dejéis que nadie os lo diga. No lo creáis. Fracasar, en estas condiciones, no sería ni dejar de intentarlo. Que miren hacia otro lado si quieren, pero, eso sí, que no os hagan sentir mal.