Por Jon Fernández (@Mur_98)
Maldigo mi suerte. Maldigo mis decisiones, hechas sin la posibilidad de conocer las consecuencias. Maldigo la posibilidad. Maldigo mis olvidos. Maldigo mis sueños. Maldigo el destino, o lo que haya superior a nosotros. Maldigo la música triste que busco cuando estoy triste. Y maldigo que la encuentre.
No es fácil vivir con el peso de las elecciones realizadas. Inconscientemente, cerramos y abrimos puertas a nuestro camino. Según avanzamos por el sendero de la vida, y sin saber lo que podríamos encontrarnos al otro lado. Personas maravillosas que vamos a dejar de conocer porque así lo decidimos. Sin saberlo.
Parece necesario asumir esta circunstancia, ya que no hay forma de cambiar esta ley. Es así por naturaleza. Sin embargo, no es sencillo asimilarlo en ocasiones. Porque las películas que dirigimos en nuestras mentes, que aspirarían a los Oscars, son tan maravillosas que sentimos como si hubiéramos renunciado a vivirlas de verdad en una simple -o no tan simple- decisión anterior. Nuestra capacidad imaginativa apenas conoce límites. La realidad, esa sí que los conoce.
Por ello maldigo. Porque me gustaría poder volver atrás en el tiempo. Poder modificar los pensamientos de la gente. Poder convertir mis ficciones en realidad.
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