martes, 28 de junio de 2016

La Voz de la Conciencia (II): Fairytale

Por Jon Fernández Mur (@jonfdzmur)

Moscú, 16 de mayo de 2009. El noruego Alexander Rybak gana el Festival de Eurovisión con su canción "Fairytale". Y lo hace con una diferencia abismal sobre el segundo clasificado, que no es otro que Islandia. A nadie le sorprende que los nórdicos ganen Eurovisión. De hecho, Suecia ha ganado dos de las últimas cinco ediciones y suma un total de seis triunfos; mientras que Noruega y Dinamarca tienen tres. Y suelen quedar por delante de Inglaterra -Reindo Unido para ser más exactos-. No sería para llevarnos las manos a la cabeza que los islandeses fueran capaces de superar a los británicos en Eurovisión.

Niza, 27 de junio de 2016. La selección inglesa cae por 1-2 en los octavos de final de la Eurocopa ante Islandia. No es Eurovisión. Lo más parecido a cantar es lo que hace Joe Hart en el segundo gol de los nórdicos. Los islandeses desplazados hasta Francia no cantan. Gritan. Gritan como vikingos. Gritan con fuerza. Hacen historia junto a sus jugadores. Roy Hogdson se lleva las manos a la cabeza. Dimite. Islandia pasa a cuartos.

El cuento de hadas de los de Hallgrimsson y Lagerback aspira incluso a eclipsar al del Leicester City de Ranieri y al de la Grecia de Rehhagel. Un cuento cuyo final aún está por escribir. De momento, han vencido a Holanda por partida doble -en Reykjavik y en Ámsterdam- en la fase de clasificación, dejándoles fuera de la Euro; han empatado con Portugal y Hungría, han ganado a Austria; y se han deshecho de una de las grandes, de Inglaterra, en octavos de final.

Podría parecer lógico que cayeran eliminados en cuartos ante la anfitriona Francia, de hecho, lo sería; pero habiendo desafiado a la lógica tantas veces, es una osadía atreverse a pronosticarlo. El Leicester también iba a perder.
Su juego es básico. Saques de banda largos de Gunnarsson, faltas, córners y balones a los puntas buscando aprovechar las segundas jugadas. Y defender. Defender unidos, más o menos ordenados. Resistir. Y dominar el juego aéreo. Y correr. Parecen previsibles, y lo son; pero nadie ha sido capaz de ganarles. Absolutamente nadie.

Tienen un once definido, las ideas -sencillas- muy claras, y el apoyo de todo un país, eso sí, pequeñito. Su población es similar a la de Alicante o Córdoba. Imaginad a la selección de La Rioja eliminando a la Inglaterra por un momento. Pues eso. Los islandeses recogen ahora los frutos de un trabajo que vienen realizando desde hace tiempo con el objetivo de ser competitivos. Un proyecto bien cimentado desde la base, pero que está alcanzando cotas insospechadas.

En el año de los cuentos de hadas, Islandia tiene el suyo, aún inconcluso, pero repleto ya de una dosis de épica que les va a colocar, por primera vez, en las estanterías principales de la gran librería que es la historia del fútbol.

viernes, 13 de mayo de 2016

La Voz de la Conciencia (I): El producto televisivo

El monumental despropósito de la Liga de Fútbol Profesional en lo que a horarios respecta hace tiempo que ya no causa estupor. Estamos acostumbrados. Sin embargo, han dado la sorpresa y han sabido superarse para establecer un nuevo récord de ineptitud. El ridículo de la entidad presidida por Javier Tebas alcanzó cotas insospechadas el pasado lunes.

El problema ha dejado de ser que se juegue en Andalucía a las cuatro de la tarde durante el mes de septiembre, o en Soria a las nueve de la noche en invierno. No. El problema ahora es que no sabemos cuándo se juegan los partidos. En primer lugar, esto se debe a que los horarios se anuncian tarde, muy tarde, extremadamente tarde. Mucho más tarde que en otros países europeos. Concretamente, cuatro o cinco días antes de que arrancara la jornada en este caso concreto.

Y esto no es lo peor. Tebas parece dispuesto a realizar todos los cambios que Luis Enrique se ha ahorrado en lo que llevamos de temporada. De hecho, hay encuentros de Liga Adelante que han tenido hasta tres horarios diferentes en un lapso de tiempo de 48 horas. Como para acompañar a tu equipo fuera de casa. Viajes frustrados, dinero tirado a la basura… y a Tebas que le da igual, porque los chinos verán en prime time el desenlace de la mejor liga del mundo, según él. Se le llena la boca de decirlo. Arrogancia no le falta.

Por si esto fuera poco -sí, lo siento, hay más-, la excusa ofrecida para justificar de alguna manera el primer cambio de los horarios de Liga BBVA, y el segundo de los de Liga Adelante, unas diez o doce horas después de publicar los anteriores, era no hacer coincidir los encuentros en los que se jugaba el descenso a Segunda con la última jornada de la fase regular de la Segunda B. Lo habían hablado con la RFEF, decían. Pues, de momento, siguen coincidiendo porque solo han adelantado cuatro o cinco encuentros de Segunda B a las cinco de la tarde. El resto siguen programados -a falta de menos de 48 horas para su disputa- para las seis, mientras que Sporting, Getafe y Rayo jugarán a las siete y media. Que yo sepa, coinciden, porque los partidos de fútbol duran noventa minutos, repartidos en dos partes de 45 y con un descanso de quince minutos entre ambas.

En cualquier caso, el inasumible riesgo de viajar a apoyar a tu equipo y las complicaciones causadas a los aficionados locales, que no saben si podrán ver Eurovision, o si podrán acudir al cumpleaños de su sobrina; a Tebas le dan igual. Al igual que los días de descanso que tenga el Sevilla de cara a preparar la final de la Europa League, donde los hispalenses representarán a su maravillosa liga. Él mismo lo definió perfectamente hace unos días en referencia a este último tema: “Somos un producto televisivo.” Ya en 2013 dijo sobre el hecho de que el estreno del Nuevo San Mamés se produjera en lunes que "deslucido sería para los que querían ir al campo, pero para el resto de España fue muy lucido. Tuvieron la suerte de verlo en abierto y gratis.” Claro queda, por tanto, que el aficionado, a Tebas, se la trae al pairo. Vamos, que no le importa. Lo que le importa es un producto televisivo que desunifica una jornada unificada con el objetivo de que cerrara la liga un Espanyol-Eibar sin nada en juego, que hubiese partido el viernes -pero no lo jugase el Sevilla, que es quien lo necesita-,... El fútbol y el aficionado no le interesan lo más mínimo. Vive por y para el producto televisivo.

lunes, 29 de febrero de 2016

Sobre el 29 de febrero

Por Jon Fernández (@Mur_98)

Un día de regalo. Eso es hoy, 29 de febrero. Un día diferente en el que todo continúa igual, inmutable. Un día que, al contrario que los 365 que nunca nos abandonan, solo aparece cada cuatro años en nuestras vidas.

A algunos incluso molestará su presencia, porque sumarán hoy un día más de trabajo que no tendrían en cualquier año que no finalice por múltiplo de cuatro o por un doble cero. A otros lo que les molesta, es no tener dónde acudir a trabajar, y continúan hoy su ardua tarea de buscar un empleo. Los niños acuden a clase como un lunes normal, y, por si fuera poco, hay partidos de fútbol. Como cualquier día. El fútbol sí que nunca falla al calendario, tenga este 365, 366 o 367 días. Da igual.

En cambio, los hay que piensan que hoy no es un día normal. Ellos, positivos y supersticiosos, llegarán a decir que el 29 de febrero es un regalo que hemos de disfrutar, que todo va a salir bien, que el que busque trabajo lo encontrará y que el que busque el amor también. Quizá sean más felices de esta manera, lo que será reconfortante para ellos, pero sus falacias no deben engañarnos. Hoy es un día tan diferente como otro cualquiera.

Para el que sea su cumpleaños será especial -duda: ¿cúando celebran los nacidos en 29 de febrero su cumpleaños cuando no es año bisiesto, el 28 de este mes, o el 1 de marzo?-, pero también lo es el 2 de mayo para los venidos al mundo un 2 de mayo; y lo mismo pasa con fechas que representan primeras citas, muertes, divorcios, o cualquier otra cosa que una fecha pueda significar para alguien.

En definitiva, queda claro que es un tema sobre el que mucho hay que debatir. Porque los argumentos del sí y del no a considerar el día de hoy como especial son convincentes, y si bien es verdad que no hay evidencia científica ni pensamiento racional que otorgue alguna característica especial al 29 de febrero, por el hecho de aparecer en uno de cada cuatro calendarios es diferente al resto. Igual y diferente al mismo tiempo. Qué paradoja.

miércoles, 27 de enero de 2016

Maldigo

 Por Jon Fernández (@Mur_98)

Maldigo mi suerte. Maldigo mis decisiones, hechas sin la posibilidad de conocer las consecuencias. Maldigo la posibilidad. Maldigo mis olvidos. Maldigo mis sueños. Maldigo el destino, o lo que haya superior a nosotros. Maldigo la música triste que busco cuando estoy triste. Y maldigo que la encuentre.

No es fácil vivir con el peso de las elecciones realizadas. Inconscientemente, cerramos y abrimos puertas a nuestro camino. Según avanzamos por el sendero de la vida, y sin saber lo que podríamos encontrarnos al otro lado. Personas maravillosas que vamos a dejar de conocer porque así lo decidimos. Sin saberlo.

Parece necesario asumir esta circunstancia, ya que no hay forma de cambiar esta ley. Es así por naturaleza. Sin embargo, no es sencillo asimilarlo en ocasiones. Porque las películas que dirigimos en nuestras mentes, que aspirarían a los Oscars, son tan maravillosas que sentimos como si hubiéramos renunciado a vivirlas de verdad en una simple -o no tan simple- decisión anterior. Nuestra capacidad imaginativa apenas conoce límites. La realidad, esa sí que los conoce.

Por ello maldigo. Porque me gustaría poder volver atrás en el tiempo. Poder modificar los pensamientos de la gente. Poder convertir mis ficciones en realidad.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Una historia

Por Jon Fernández Mur (@Mur_98)

Había una vez una chica muy guapa. Y para él, ella era especial. Se ponía nervioso al tenerla cerca y no tenía esa seguridad al hablar que habitualmente demostraba. El verano había acabado y la espera por verla terminaría pronto. De nuevo cerca, pero al mismo tiempo tan lejos. Porque no todos los cuentos de hadas tienen que acabar bien.

Un fugaz vistazo para recordar su imagen fue suficiente para no poder sacársela de la cabeza de nuevo. Allí estaba, tan guapa como siempre. Quizá todavía más. Su sonrisa cautivadora y sus preciosos ojos se colaban en cualquier rincón de la mente de aquel chico. Una y otra vez.

Esa dulce chica aparecía todos los días en su rutina, haciendo que él se debatiera entre el pelear contra sus sentimientos y el seguir con esta situación. Ya se dice que más vale malo conocido, que bueno por conocer. Y pasaban los días, sin que nada cambiara.

Es cierto que a la vida hemos venido a luchar, que el que no arriesga jamás alzará los brazos en señal de victoria y que hay que salir de la maldita zona de confort en la que tan cómodo está uno. Pero no es sencillo aplicar la teoría a la práctica; y en ese eterno debate entre la pelea y la rendición, no tenía claro qué opción era la correcta.

Sin embargo, eso daba igual, porque él sabía, que aunque quisiera, no sería capaz de olvidarse de ella.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Sobre la no-educación

Por Jon Fernández Mur (@Mur_98)

Mucho se debate sobre la educación. Es buena, es mala, está vieja,... Lo que está claro es que, en España, ha habido prácticamente tantas reformas educativas como legislaturas en democracia. Y claro, hablar de otra no sienta bien, sobre todo, a los profesores, que son los más afectados en estos casos. Pero la educación no está bien, y es algo que debemos tener claro.

El problema está en todas las partes implicadas. Por un lado tenemos a los alumnos: quizá sea genético que los españoles seamos los más zánganos de Europa, o quizá no, pero lo que está claro es que motivación por aprender no hay. Así que empecemos por otro lado. Los profesores: es cierto que los hay contados que disfruten dando clase, pero tienen que seguir fielmente un programa marcado desde arriba. Y es ahí donde hay que llegar. No al mundo de las ideas, ni al Polo Norte; no: a los políticos, a los que nos gobiernan, quizá no siempre usando la razón. Parece lejano 1876, ¿no? Pues entonces se creó la Institución Libre de Enseñanza -sí, con el sistema educativo actual también se aprende algo-, que apostaba por desafiar los dogmas del Estado y que quería sacar la religión de las aulas. Pues en esas seguimos.

Y no es el tener religión en clase el mayor de los problemas, ni mucho menos. Lo importante es que se enseña a memorizar, no a aprender, cuando esto debería ser al revés. En pleno siglo XXI, ¿de qué nos sirve sabernos de carrerilla durante una semana los ríos de España y sus afluentes para olvidarlos después del examen? Es sencilla la respuesta: para nada. Tenemos internet, libros, enciclopedias y tropecientos recursos más. Contra esto se podría decir que llegaría un momento en el que nadie sabría los ríos, siguiendo con el ejemplo anterior, y que en un momento dado, podría producirse una ignorancia general entre las personas, colocándonos todos -Dios no lo quiera- a la altura de los participantes de Gran Hermano. Pero esto no ocurriría, creo yo. Las personas, por regla general, tenemos voluntad de aprender. Ojo, de aprender, no de estudiar. Pero la obligación a aprender memorizando de la manera en la que lo concebimos hoy en día crea rechazo, como todas las cosas a las que uno es obligado. Es la reacción natural del ser humano. Y hay gente a la que le gusta la geografía y que acabará por saberse los ríos por voluntad propia, sin un deadline para el que tener que haberlos memorizado. Al igual que hay gente a la que le apasiona la biología, la historia, la filosofía o el dibujo; o le encantan los idiomas o los deportes. El ser humano es diverso, y como tal debería ser aprovechado. Ahora bien, si obligas a alguien a memorizar datos, números, fórmulas o cualquier cosa y con ello le obligas a renunciar a otras tareas que pueden formarle como persona, acabará detestando lo que hoy le gusta. 

Y luego están los deberes. Ya de por sí la palabra echa para atrás. Deberes es lo contrario a derechos, y precisamente así es interpretada en esta educación que no es educación. Un deber es una obligación. Un derecho es una facultad para decidir. Y con lo primero estás coartando lo segundo. Ya desde pequeños se obliga a los niños a dejar de jugar para ponerse a restar y multiplicar. Y de más mayores, a pasar horas y horas delante de un libro trabajando para olvidar al día siguiente. Y con ello, dejas de pasar tiempo con los amigos, con tus abuelos, con tus padres. Dejas de jugar a fútbol, a baloncesto, de tocar la guitarra, el piano; y dejas de pensar. Y es importante pensar, algo que no mucha gente hace. Al fin y al cabo, no se nos enseña a ello, sino a memorizar. Y con cada reforma se va a peor. No es sano salir de siete horas de clase y estar otras cinco o seis trabajando en casa. ¿Quién te dice que no vayas a aprender cosas con tu abuela, tocando un instrumento o practicando deporte? Pero es que no quieren que aprendamos. Quieren que memoricemos, vomitemos en un papel para pasar a ser un número. Tú un 7, yo un 8, y aquel, ¡joder, qué empollón!, un 10. Y el vago un 3, cuando ese vago es posible que sea listo, tenga muchísima capacidad de aprender, pensar y razonar, pero se aburra en clase, no encuentre motivación. Pero es un 3. A memorizar y recuperar. Los deberes son negativos para el alumno, a quien se le prohíbe una formación completa. Sin duda. Si quiere lograr eso, tiene que llevar un ritmo de vida insano. Altísimo.

Si a esto le añadimos que la mayoría de los profesores no tienen vocación de enseñar, al contrario que en otros países, donde el maestro es vocacional y valoradísimo, nos queda nuestro sistema no-educativo, que excluye la opción de pensar diferente a lo que reza un libro, y que quita las ganas de aprender a mucha gente.

Si has tenido la suerte de comprender todo hasta aquí, y estás de acuerdo al menos en parte, quiero darte la enhorabuena, ya que eres un antisistema como yo que se atreve a desafiar el concepto de educación que se nos proporciona. Quizá algún día esto cambie, pero de momento, a pesar de que quieren que seas un loro con un número, atrévete a pensar, y no dejes que nada ni nadie coarte tu imaginación, ni tus ganas de aprender. 

domingo, 26 de julio de 2015

Sobre los errores de todos

Por Jon Fernández Mur (@Mur_98)

Puede que lo que vaya a escribir a continuación suene cursi, excesivamente sentimental. ¿Y qué? La vida está para sentir, y poner límites a ello no tiene sentido alguno. Ya vivimos demasiado condicionados como para estar autocondicionándonos más. Ni los hombres de verdad no lloran ni las mujeres de verdad son princesas.

Está de moda decir que no nos importa lo que digan y piensen de nosotros, cuando es siempre mentira. Nos importa. En mayor o menor grado, pero lo hace. Pero, ¿merece la pena actuar de una manera ficticia en la que no estemos cómodos, sin ser nosotros mismos, para que el pensamiento de la gente hacia nosotros cambie? Parece que sí, ya es que lo que todo el mundo hace. Si todos lo hacen, por algo será. Aunque, recordad, que la mayoría no siempre lleva razón. Hitler recibió millones de votos en unas elecciones democráticas. Engañando a la gente, sí. Pero, ¿quién nos asegura que no estamos siendo engañados nosotros cuando cambiamos nuestra forma de ser porque creemos que es lo mejor? Nadie lo puede hacer. Aunque, por si acaso, más vale seguir a la mayoría. Ese si acaso podemos sustituirlo por miedo. Tenemos miedo de nosotros mismos, de nuestra forma de ser, de la cuál nos avergonzamos. La ocultamos y nos comportamos de una manera irreal por miedo a la soledad y a que nos mire mal gente que, en realidad, no nos cae del todo bien. Gente que nos juzga, y que incluso se cree superior. La gente que, probablemente, nos engaña.

Pero no son solo ellos. La publicidad y el marketing siempre han servido para manipular. Para pensar que vestir de esa manera es la correcta, y, de esa manera, sigamos a la mayoría. Esa es la gran mentira de la moda. Lo que quieren no es hacernos sentir bien, sino ganar dinero.

Siguiendo el hilo de lo que pensamos, lo que queremos pensar, y lo que quieren que pensemos, creo que hay que tener en cuenta una cosa. Las personas a las que no conocemos quizá no son tan fantásticas como las imaginamos. Cuando miras algo o a alguien con buenos ojos, ocultas a tu mente los errores que pueda tener, y solo te fijas en lo fantástica que es una de sus características. Coges esa y extrapolas su brillantez al resto de aspectos, los cuales no conoces. Puede que sean así, pero lo normal es que no. Las fantasías siempre superan la realidad. Centrándonos en las personas, a lo que me refiero es a que, por ejemplo, los ídolos que tan perfectos imaginamos, en realidad no son así. Pero no es solo aplicable a los ídolos, sino a todas aquellas personas de las que llegamos a vivir pendientes antes de conocerlas, e incluso sabiendo de la dificultad que entraña alcanzar ese punto.

De todas formas, yo no pretendo engañar a nadie. Yo caigo en estas trampas como cualquier persona normal, pero quiero darme cuenta de que no tendría porqué ser así. Aunque después de ello siga actuando de la misma forma. Tenemos tendencia a seguir igual, porque, quizás nuestra situación no es tan mala como llegamos a pensar, o, simplemente, porque tenemos miedo a empeorar. Nos cerramos y nos entran los nervios y la vergüenza. Malditos sean.